Inmaculada
Ab imo pectore . INMACULADA Por Gustavo Cano La incómoda sensación de sentirse mojada le hizo despertar temprano esa mañana. Recordó haber estado navegando en un as límpidas aguas azuladas; seguramente fue el plácido sueño que ocupaba su subconsciente apenas hace unos instantes. Las cortinas de su cuarto someramente dejaban colar una tenue luz, pues está ubicado en la parte más umbría de la casa paterna. Luchando con la modorra propia del pre- adolescente que despierta mucho antes de la hora que le pide el cuerpo para revitalizarse, casi a tientas buscó la luz mortecina de la lámpara led de su mesita de noche, en la torpeza de sus movimientos pasó trayendo el librito Azul de poemas del ínclito nicaragüense ilustre y recordó para sus adentros “el viento lleva esencia sutil de azahar”, mejor se incorporó y ya con más certeza prendió el interruptor que aniqu...