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JARDIN DE LOS INFANTES

Por Gustavo Cano Tiritando en una gélida mañana de enero del año 1979, a mis tiernos cuatro años y siete meses, deje la mano de mi abuelita, que solícita me llevó a la Escuela de Párvulos Edelmira Mauricio y me entregó, en un mar de lágrimas por parte del entonces infante, en la clase de la profesora Enma Chávez. Así principió mi educación formal que se extendió por alrededor de 20 años. Ese año fue sin lugar a dudas el más tortuoso de mi vida estudiantil, la mitad del tiempo la pase llorando de camino y en la escuela; y la otra mitad la pase refugiado en el techo de la casa, huyendo de la posibilidad del estudio. Recuerdo a mi profesora como una mujer abnegada en el oficio de enseñar, la cual me tuvo una paciencia proverbial y un cariño pródigo, pero nada me hizo cambiar de mi pelea irracional con el sistema. El último par de meses del ciclo lectivo no fui más, mi papá le dijo a su suegra, mi abuelita: pobre el nene, si no quiere ir a la escuela que no vaya más… mi tata siempre fu...

CABAÑUELAS

Por Gustavo Cano S egún una añeja creencia popular, el mes de enero pronostica de manera acertada el comportamiento del clima para el resto del año. Así cada día significaría la proyección de toda una parte de los once meses subsiguientes. Extrapolando esta vox populi a todas las expresiones de la vida, podríamos bien hacer un pronóstico mucho más realista que viendo las estrellas, la alineación de los planetas, un mazo de cartas o la shinga del café en el fondo de la taza. Y sería mucho más confiable, porque sería una cábala basada en nuestras responsabilidades adquiridas u omitidas. Es bien sabido, que no podemos esperar resultados distintos si siempre hacemos o dejamos de hacer las mismas acciones. Según el filósofo francés Pascal Bruckner, nuestra sociedad padece de una falta de responsabilidad. Diagnosticó que muchas personas se sienten bebés gigantes que crecen teniendo exigencias hacia los demás pero nunca están dispuestas a asumir su responsabilidad ante si mismas y ante el pró...

LA ALEGRIA SE HIZO CARNE

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Y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no habían encontrado sitio en la posada. Lc. 2,7 LA ALEGRÍA SE HIZO CARNE Por Gustavo Cano Una fría noche buena, me dispuse a esperar a Santa Claus, sus renos y trineo en una de las once gradas que unían el primero con el segundo nivel de la casa paterna, la constelación de orión me hacía compañía. Para entonces mi espíritu científico estaba al alza y estaba dispuesto a comprobar o desmentir de una vez y para siempre el mito del simpático viejo risueño vestido de rojo carmín. La víspera había sido un ir y venir constante, en los camioncitos de madera que con mi hermano menor teníamos, acarreando la materia prima del nacimiento de la abuela. Ladrillos, piedras, arena, musgo, patas de gallo y el sinnúmero de figuras de casas, patos, carneros, un león, ranchitos, mis carritos y soldaditos, vendedoras, pastores, ángeles, estrellas, series de luces, bricho, bombas y mil y un adornos más. Ese añ...